¿El reparto étnico del poder sigue siendo la mejor garantía para la paz en Bosnia y Herzegovina?

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Valeria Gutiérrez Jiménez

Los Acuerdos de Dayton, firmados en 1995, establecieron el diseño institucional que puso fin a la guerra de Bosnia y Herzegovina (1992-1995), conflicto surgido tras la disolución de Yugoslavia. Con el objetivo de evitar una nueva confrontación armada, el acuerdo reconoce la existencia de dos entidades políticas: la Federación de Bosnia y Herzegovina (BiH), integrada mayoritariamente por bosníacos (bosnios musulmanes) y croatas, y la República Srpska (RS), de mayoría serbia (Dayton Peace Agreement, 1995, art. III). Sin embargo, al estructurar las instituciones alrededor de identidades colectivas, este modelo también limitó la construcción de una identidad nacional compartida y consolidó un sistema político en el que las diferencias étnicas continúan siendo el principal mecanismo de organización y representación del poder. 

Más allá de haber puesto fin al conflicto, el modelo impuesto en los Acuerdos de Dayton sigue siendo objeto de debate debido a las implicaciones que tiene para la construcción de una paz duradera y de un proyecto político común. La relevancia de esta discusión se refleja en las constantes disputas políticas entre la Federación de BiH y la RS, así como en los recurrentes discursos autonomistas promovidos por algunos líderes serbobosnios, que mantienen abierto el debate sobre la capacidad del modelo de Dayton para trascender el cese de la violencia y consolidar una paz sostenible. 

Para comprender el origen de este diseño institucional, es necesario recordar que la guerra de Bosnia se desarrolló en un contexto donde las tensiones étnicas se intensificaron tras la muerte de Josip Broz Tito y el debilitamiento del proyecto yugoslavo. El ascenso del nacionalismo serbio bajo el liderazgo de Slobodan Milošević profundizó estas divisiones al promover una narrativa de amenaza hacia las comunidades serbias establecidas en Bosnia, alimentando un clima de polarización que terminaría desembocando en el conflicto armado. Bosnia y Herzegovina representaba el territorio más complejo de Yugoslavia debido a su composición étnica mixta, pues en 1991 su población estaba compuesta aproximadamente por un 43.7 % de bosníacos, un 31.4 % de serbios y un 17.3 % de croatas (Rogel, 2004) por lo que las disputas sobre las futuras fronteras estatales se convirtieron rápidamente en una fuente de tensión política. 

La declaración de independencia en 1992 enfrentó proyectos políticos incompatibles pues mientras que los bosníacos respaldaban la separación de Yugoslavia, los serbobosnios defendían permanecer vinculados a Serbia. La Guerra de Bosnia, entonces, se configuró como un conflicto de carácter étnico en que las campañas de limpieza étnica y episodios como el genocido de Srebrenica evidenciaron la profundidad de estas fracturas. Ante este escenario de profunda fragmentación, los Acuerdos de Dayton surgieron como una solución pragmática destinada a detener la violencia. Lejos de representar un proyecto ideal de construcción estatal, el acuerdo reconoció el peso que habían adquirido las identidades

nacionales durante la guerra y optó por distribuir el poder entre bosníacos, serbios y croatas mediante una estructura altamente descentralizada.  

Tres décadas después, esa lógica continúa moldeando la política bosnia, particularmente en la República Srpska, donde el discurso político sigue articulándose alrededor de la defensa de la autonomía de la entidad frente a las instituciones centrales de Sarajevo. Desde una perspectiva teórica, este diseño institucional puede comprenderse a través del concepto de democracia consociacional desarrollado por Arend Lijphart. De acuerdo con Vukojević (2023), este modelo busca garantizar la estabilidad política en sociedades profundamente divididas mediante acuerdos institucionales orientados a la cooperación entre élites y a la protección de los distintos grupos que conforman el Estado. En el caso de Bosnia y Herzegovina, la presencia de mecanismos de reparto de poder, como la representación proporcional, la cual busca asegurar que cada grupo tenga una participación política acorde a su peso dentro del sistema institucional, así como la paridad y los derechos de veto, convierten al país en una sociedad consociacional. 

Sin embargo, Vukojević (2023) advierte que el caso bosnio debe analizarse considerando que el consociacionalismo no surgió de un pacto político ordinario entre élites, sino de un acuerdo de paz destinado a poner fin a una guerra civil. En este sentido, el autor retoma a Bogaards (2017) para señalar que existe una diferencia fundamental entre mantener la paz y construir una democracia estable. Bajo esta lógica, el principal éxito de Dayton fue eliminar la violencia como mecanismo legítimo de resolución de conflictos y preservar un equilibrio político que ha evitado el retorno de la guerra, aunque sus resultados en términos de construcción estatal y democratización han sido considerablemente más limitados. 

Actualmente, los principales desafíos del sistema político bosnio ya no giran en torno al riesgo inmediato de una nueva guerra, sino a la dificultad para consolidar instituciones democráticas capaces de trascender las divisiones étnicas. La estructura diseñada por los Acuerdos de Dayton convirtió a las identidades nacionales en el eje de la representación política, de modo que la competencia electoral continúa organizándose alrededor de intereses bosníacos, serbios y croatas, más que sobre programas de gobierno o proyectos de ciudadanía compartida. Como sostiene Vukojević (2023), el diseño consociacional ha reflejado y afianzado las divisiones étnicas dentro de las instituciones gubernamentales, fortaleciendo la severidad de las élites politicas y reduciendo los incentivos para adoptar posicones conciliadoras, lo que ha favorecido la aparición de frecuentes bloqueos institucionales y una rétorica crecientemente nacionalista. 

Esta dinámica resulta especialmente visible en la RS. Para comprender el peso político que tiene hoy la defensa de su autonomía, es necesario recordar el papel histórico de los serbobosnios dentro de BiH. Durante la desintegración de Yugoslavia, una parte considerable de sus dirigentes rechazó la independencia bosnia y promovió la creación de una entidad política propia con el objetivo de mantener vínculos estrechos con Serbia. Dayton reconoció finalmente a la RS como una de las dos entidades constitutivas del Estado bosnio, modelo que permitió reducir la incertidumbre de la población serbobosnia a quedar subordinada a una

mayoría bosníaca. Aún así, esa misma autonomía terminó por consolidarse como un elemento central de la identidad política de la entidad. 

En los último años, este legado histórico ha sido reinterpretado y utilizado por líderes como Milorad Dodik y su partido, la Alianza de Socialdemócratas Independientes (SNSD), cuyos dirigente han cuestionado la autoridad e las instituciones centrales de Sarajevo e incluso han 

planteado la posibilidad de anexar la RS a Serbia. Este discurso, construido alrededor de la defensa de la autonomía y de la identidad nacional serbia, ha contribuido a mantener la política bosnia organizada en torno a divisiones étnicas más que a proyectos comunes de ciudadanía. La continuidad de esta corriente política quedó reflejada en las recientes elecciones de la RS, donde el candidato respaldado por Dodik obtuvo la victoria, reafirmando el proyecto autonomista y evidenciando que las identidades étnicas continúan ocupando un lugar central en la competencia política bosnia. 

En este sentido, los Acuerdos de Dayton no pueden entenderse únicamente como un obstáculo para la consolidación democrática, sino como una respuesta a una realidad política profundamente fragmentada. Su principal logro ha sido evitar un conflicto recurrente y mantener un equilibrio entre comunidades que, tres décadas después, sigue siendo funcional. Sin embargo, la experiencia de Bosnia y Herzegovina también muestra que una paz duradera no necesariamente implica la desaparición de las divisiones que dieron origen al conflicto. 

Más que cuestionar la validez del modelo de Dayton, el caso bosnio invita a reflexionar sobre las limitaciones de una paz construida alrededor de identidades étnicas. La realidad de Bosnia no puede reducirse a una dicotomía entre éxito o fracaso, pues el país ha desarrollado una forma de paz negociada y estable que, al mismo tiempo, conserva profundas fracturas sociales y políticas. La ausencia de violencia a gran escala no ha significado la consolidación de una identidad nacional compartida, sino la coexistencia de distintas formas de entender y experimentar la paz. 

La estabilidad alcanzada desde 1995 demuestra que el reparto del poder puede ser una garantía efectiva para evitar una nueva guerra. No obstante, también deja abierta la interrogante sobre la capacidad de este modelo para trascender el equilibrio entre comunidades y favorecer la construcción de un proyecto político común. Quizá la principal enseñanza de Bosnia y Herzegovina sea que construir la paz no siempre significa superar el conflicto, sino aprender a administrarlo sin recurrir nuevamente a la violencia.

Referencias bibliográficas: 

Bogaards, M. (2017). Lebanon: How civil war transformed consociationalism. En A. McCulloch & J. McGarry (Eds.), Power-sharing: Empirical and normative challenges (pp. 148–165). Routledge. 

Djolai, M. (2025). Whose peace? Rethinking three decades of post-war Bosnia and Herzegovina. Südosteuropa Mitteilungen, 65(6), 7–14. 

EFE. (2025, 8 de agosto). Claves de Bosnia tras la inhabilitación de Dodik y su camino hacia la UE. https://efe.com/euro-efe/2025-08-08/claves-bosnia-inhabilitacion-dodik-camino-ue/ 

House of Commons Library. (2025). Bosnia and Herzegovina: Current political situation (Research Briefing CBP-10434). UK Parliament. 

https://researchbriefings.files.parliament.uk/documents/CBP-10434/CBP-10434.pdf

Konjhodzic, N. (2016). State building and democracy in divided societies: The case of Bosnia and Herzegovina (Bachelor Thesis, Lund University). 

Lijphart, A. (1977). Democracy in plural societies: A comparative exploration. Yale University Press. Lijphart, A. (2004). Constitutional design for divided societies. Journal of Democracy, 15(2), 96–109. Rogel, C. (2004). The breakup of Yugoslavia and its aftermath. Greenwood Press. 

United States Holocaust Memorial Museum. (s. f.). History of ethnic tensions. Holocaust Encyclopedia. 

https://www.ushmm.org/genocide-prevention/countries/bosnia-herzegovina/history-ethnic-tensions

Vukojević, S. (2023). Political stability in deeply divided societies: Findings from post-Dayton Bosnia and Herzegovina. Political Perspectives, 13(2). https://doi.org/10.20901/pp.13.2.05

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